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viernes, 14 de junio de 2024




El derecho a votar y el esfuerzo por saber

Episodio 0008 del podcast La sociedad Sentada

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Imaginemos que estamos a principios del siglo XXII, dentro de unos 70 o 80 años, más o menos, y que ya hay algunos países en los que se permite una cierta manipulación genética para dotar a los futuros bebés de algunas características físicas determinadas, tales como el sexo, el color de su pelo o la altura. Pero, hay condiciones. Imaginemos que para que los padres puedan optar a esa posibilidad se les exige a ambos superar unas pruebas de conocimiento sobre materias como la anatomía y fisiología del cuerpo humano y también sobre las leyes que afectan a los derechos humanos y en especial a los derechos de los menores.

 

Imaginemos ahora que mañana se aprueba una ley en España que, para poder votar en cualquier convocatoria electoral, del tipo que sea (municipal, autonómica, estatal o europea), obligue al votante a superar un sencillo examen. Es decir, que antes de votar, cada persona debe realizar una prueba que demuestre con suficiencia que comprende todas las características esenciales de la votación y las condiciones y aritméticas que se usan para que finalmente los votos se transformen en escaños o en representaciones. En definitiva, una ley que, para poder votar en una convocatoria electoral, obliga a los votantes a superar un examen básico sobre los conocimientos que tienen de las leyes que rigen la convocatoria electoral y el posterior tratamiento de los votos.

 

¿Qué le parece?

 

Puestos a imaginar, si lo prefiere, imaginemos que mañana se aprueba en España una ley que permite votar desde los 12 años, o por qué no, desde los 10. Incluso podríamos imaginar que se aprueba una ley que elimina la minoría de edad como tal.

Y ya puestos, otra que elimine el examen de conducir. ¡Qué bueno! ¿no? Así todos podríamos llevar nuestros vehículos de motor por calles y carreteras sin que nadie nos pida el carné de conducir.

¿Qué le parece? ¿Bien? ¿Mal?

 

Volvemos al voto electoral.

 

Y la pregunta es,

¿si para poder votar en unas elecciones me exigieran, a mí, conocer los detalles mínimos sobre los porqués y los cómo de las elecciones en las que quiero participar, haría yo el esfuerzo de leer y aprender lo suficiente como para poder votar?

 


Saber no es tan difícil.

 

A pesar de la enorme presión política que recibimos las ciudadanas y ciudadanos en estos tiempos de ahora, muy pocas personas se interesan por conocer las leyes y normas más elementales que marcan desde la convocatoria de unas elecciones hasta la configuración de los organismos que dependen directamente de los votos obtenidos. Nos referimos, por ejemplo, a la aritmética que traduce los votos recogidos de las urnas en escaños del Congreso de los Diputados. Estamos hablando de cómo se configura el Senado o el Parlamento en España. No digamos, si además alguien pretendiera que la mayoría de los votantes conozcan detalles acerca del tipo de circunscripción que se utiliza en cada una de las convocatorias electorales o la manera en que se decide cada lista de candidatos en cada uno de los partidos políticos que se presentan. Pero incluso hay cuestiones más oscuras aún para la gran mayoría de personas que hace uso de su derecho al voto.

 

 

Ser una persona bien informada no es fácil, y menos en la confusa situación en la que nos movemos en la actualidad. Hemos hablado ya en nuestros anteriores episodios de algunas de las causas que más influyen en la información y la comunicación. También hemos hablado y seguiremos hablando de la necesidad de aprender y de adquirir los conocimientos mínimos necesarios para saber diferenciar qué tipo de información nos llega. Se trata sobre todo de distinguir la información veraz de la que no lo es.

 

-Ser una persona bien informada no es tan difícil. Solo requiere tener independencia intelectual y algo de sentido crítico (recordemos algunos términos como posverdad, desinformación, propaganda política, etc.)

No se trata de negar la propaganda ni mucho menos la ideología, se trata de saber, se trata de poder diferenciar. Por ser seguidor de un partido político determinado no hay por qué creer que todo lo que dice el líder de ese partido es verdadero. Otra cosa es que aceptemos que mienta, porque lo consideramos necesario para los intereses del partido o porque le perdonamos todo. Perdonarle es una cosa y engañarnos nosotros mismos es otra. Es de estúpidos cegarse para no incurrir en contradicciones, porque algún día abriremos los ojos y no lo soportaremos. 

El equilibrio mental es necesario para la salud. Si uno no tiene estómago para tragar sapos que no los trague. Si la fidelidad o la lealtad a determinado grupo o institución provoca contradicciones con la moral o la ética de una persona, mejor será que no sea fiel o leal a ese grupo o institución. Pero, entonces, que no les prometa fidelidad o lealtad.

 

-Ser una persona bien informada no es tan difícil. Solo se requiere tener un poco de curiosidad además de independencia intelectual y algo de sentido crítico. 

Quien lee una noticia y posee algún conocimiento sobre el tema puede sospechar que le falta veracidad si la información incluye datos que puedan parecer erróneos. En ese caso el lector solo tiene que comprobar si en efecto son erróneos esos datos.

Pero en muchos casos el lector no tiene conocimientos previos sobre el tema y mucho menos como para poder determinar si los datos son verdaderos o no. Aquí el lector tendrá que detectar de otro modo los posibles errores o intentos de engaño. La manera de expresarlo, el modo de argumentar o la intencionalidad, que siempre aparece, pueden dar una pista sobre la posible falsedad de una información. Y si aparece la duda, buscar información y consultarla. En Internet se encuentra todo. No lo olvidemos.

 

-Ser una persona bien informada no es tan difícil. Solo se requiere querer estar bien informada, dominar la pereza y no dejarlo para otro día, y tener un poco de curiosidad además de independencia intelectual y algo de sentido crítico. 

 

Finalmente se da el caso de mensajes sin sentido, sin argumentos, sin localización y sin causa que los justifique. Afirmaciones, acusaciones o insultos. Eso es todo. Mensajes que abundan en las redes sociales para embarrar. 

En este caso no es necesario verificar la falsedad, solo se requiere que el lector quiera estar bien informado. Simplemente que quiera.

Porque quien publica ese tipo de afirmaciones no informa, ataca. Atacar no es informar. Así que quien lo lee no está siendo informado. No hay color. Si alguien los lee y los cree tal cual, pues es porque quiere creérselos, porque piensa igual o porque está dispuesto a tragar todos los sapos de ese color. Así que ese alguien no necesita ser alentado para que se informe bien. Quizás necesite otro tipo de ánimo, pero no es éste.

 

Nuestro ánimo no es señalar a quienes manejan la información para adaptarla a sus intereses. No se trata de acusar a los manejadores, sino de poner en evidencia la falta de veracidad de muchas informaciones y sobre todo la necesidad de adquirir conocimientos para saber cómo detectar posibles manipulaciones interesadas. 

La intención es animar a que cualquier receptor de mensajes analice lo que le llega, antes de aceptar como buena cualquier información. Hay datos que dicen bastante y que de por sí ya ponen en cuestión el contenido del mensaje. Luego hay otros que seguramente precisan de una comprobación. No es difícil hacerlo si el mensaje facilita datos. Hoy en día casi todo se encuentra en la Internet. Saber buscar es una de las tareas más importantes del conocimiento. Las webs oficiales de las diferentes instituciones públicas y privadas son siempre la mejor garantía.

En nuestros episodios informamos de las webs que hemos utilizado para encontrar los datos verdaderos. También citamos a equipos de trabajo que pelean por despejar el panorama informativo. Insistimos mucho en la comprobación de las informaciones que recibimos y en la forma en que se nos dan esas informaciones. A veces la manipulación está en la forma de presentarlo o en las conclusiones a las que simulan llegar, saltándose indecorosamente la lógica deductiva más elemental. Incluso hay quien solo pretende repartir y extender las responsabilidades para que alcance a alguien a quien les interesa dañar.

 

No a la desinformación, no a la basura y no al ruido informativo. El conocimiento es la mejor vacuna contra la desinformación y la comprobación la mejor herramienta para desechar la basura y la manipulación informativa.

Insistiremos en la idea del conocimiento y en la necesidad de adquirir un mínimo que nos permita distinguir el grano de la paja. Un mínimo que a veces solo requiere la lectura atenta del mensaje o el simple análisis del quién dice qué, porque de ahí podemos obtener datos suficientes para entender el mensaje de un modo diferente a como el mensajero pretende que lo entendamos.

Para acompañar a la idea de adquirir conocimientos, reiteraremos la conveniencia de ejercitar la curiosidad, de profundizar un poco en el análisis de la situación que envuelve los mensajes que nos llegan. Animaremos a leer bien los mensajes, a no dejar de hacerlo porque aburre. Animaremos a superar la pereza, la eterna pereza por leer algo, cuando enterarse de cosas que no sabemos siempre es interesante. Leer es el mejor método para aprender. El mejor.

Es necesario que las personas sepan diferenciar sobre los asuntos que nos competen como ciudadanos porque intervenimos en la política, votamos, discutimos, ensalzamos a unos y degradamos a otros, y sin embargo en muchos casos no entendemos ni lo que discutimos.

 

Pongamos un ejemplo. Hay muy pocas personas en España que se interesan por conocer cómo se configura el Senado o el Congreso de los Diputados en España, a partir de los votos de los ciudadanos. Y hay menos personas aún que se interesan por saber cómo se configura el Consejo General del Poder Judicial, a pesar de que en los últimos meses se habla tanto de ello, debido a que los dos partidos mayoritarios no se ponen de acuerdo para renovarlo.

 

¿Por qué no se ponen de acuerdo? Quien se haga esa pregunta, debería empezar por saber cómo se renueva. Después quizás entendería por qué los unos quieren que se renueve ya, y por qué los otros no quieren que se renueve con la actual ley en vigor.

 

¿Y tú, estimado oyente, sabes cómo se nombra el Consejo General del Poder Judicial en España? ¿Te interesa ese tema o te da igual? ¿Qué opinas? ¿Crees que alguno de los dos partidos mayoritarios está jugando sucio? ¿O tal vez se trata de estrategias políticas válidas por parte de ambos? ¿Cuál de los dos partidos pone más pegas a la hora de aceptar un acuerdo? ¿Tienes alguna idea que ensucie a uno y libere al otro o piensas que cada uno defiende sus intereses sin importarle que se cumpla la ley?

¿Crees que la firma de un acuerdo, mañana mismo, perjudicaría a uno de los dos?  ¿A qué partido perjudicaría y a cuál beneficiaría? ¿Por qué?

¿No lo sabes con seguridad? Pero seguro que tienes una opinión. ¿En qué se fundamenta tu opinión? ¿Acaso te cae mejor un dirigente político que otro? ¿O es que crees más a un partido que a otro?

 

¿Sabes cómo se elige a los miembros del Consejo General del Poder Judicial?

 

¿Quieres que lo diga yo, aquí y ahora?

 

No, no lo diré. Pero si la curiosidad te mata, lo tienes fácil. Imagina lo que he hecho yo antes de hablar de este asunto.

 

Exactamente. He leído. Hay muchas maneras de buscarlo y muchas más de encontrarlo. Escribe en el buscador de tu navegador y lo encontrarás en nada de tiempo. Yo hice la pregunta directa: ¿Cómo se nombra en España el Consejo General del Poder Judicial?

 

Saber es fácil, cada día más fácil. Así que si no lo sabes y tienes interés o curiosidad por saberlo lo encontrarás fácilmente. Y si no tienes interés, si te da pereza leer o te da igual no saber pues pasa de este asunto. Pero en eso caso, espero que al menos no colabores en la difusión de acusaciones o creencias injustificadas.

 

FUENTES DE INFORMACIÓN


Página web del Congreso de los Diputados.

Página web del Senado.

La Constitución.

La ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ)

Página web del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)

Wikipedia

Newtral.es

Y cientos de paginas más…



 

martes, 14 de mayo de 2024

 


La responsabilidad social, ética y moral

Episodio 6º del podcast LA SOCIEDAD SENTADA
ya disponible en:

https://go.ivoox.com/sq/2382765




"Se levantó trabajosamente. Tenía sangre en las manos y en la ropa, y súbitamente el cuerpo agotado le dijo que estaba vieja, Vieja y asesina, pensó, pero sabía que si fuese necesario volvería a matar, 
Y cuándo es necesario matar, se preguntó a sí misma mientras se dirigía hacia el zaguán, y a sí misma se respondió, 
Cuando está muerto lo que aún está vivo. Movió la cabeza y pensó, Qué quiere decir esto, palabras, palabras, nada más. 
Seguía sola. Se acercó a la puerta que daba al exterior. Entre las rejas del portón distinguió con dificultad la silueta del centinela, Aún hay gente fuera, gente que ve. 
Un rumor de pasos detrás de ella le hizo estremecerse, 
Son ellos, pensó, y se volvió rápidamente con las tijeras dispuestas. 
Era el marido. 
Las mujeres de la sala segunda llegaron gritando por el camino lo que ocurriera en el otro lado, que una mujer había matado a puñaladas al jefe de los malvados, que hubo tiros, el médico no preguntó quién era la mujer, sólo podía ser la suya, le dijo al niño estrábico que después le contaría el resto de la historia, y ahora, cómo estaría, probablemente muerta también, 
Estoy aquí, dijo ella, y fue hacia él, lo abrazó sin reparar en que lo manchaba de sangre, o reparando, sí, era igual, hasta hoy lo habían compartido todo, 
Qué ha pasado, preguntó el médico, dicen que han matado a un hombre, 
Sí, lo he matado yo, 
Por qué, 
Alguien tenía que hacerlo, y no había nadie más, 
Y ahora, 
Ahora estamos libres, ellos saben lo que les espera si quieren servirse de nosotras otra vez, 
Va a haber lucha, guerra, 
Los ciegos están siempre en guerra, siempre lo han estado, 
Volverás a matar, 
Sí, si es preciso, de esa ceguera ya nunca me libraré, 
Y la comida, 
Vendremos nosotros a buscarla, dudo que ellos se atrevan a venir hasta aquí, por lo menos durante unos días tendrán miedo de que les pase lo mismo, que unas tijeras les atraviesen la garganta, 
No supimos resistir como deberíamos cuando vinieron con las primeras exigencias, 
Pues no, tuvimos miedo, y el miedo no siempre es buen consejero, y ahora vámonos, será conveniente, para mayor seguridad, que atravesemos camas en la puerta de la sala, camas sobre camas, como ellos hacen, y si alguno de nosotros tiene que dormir en el suelo, paciencia, antes eso que morir de hambre."



Con una colaboración muy especial, de Rosa García Diez, a quien agradezco mucho su ayuda, hemos comenzado el episodio de hoy leyendo unos párrafos de ENSAYO SOBRE LA CEGUERA, una novela publicada en 1995 por el escritor portugués JOSÉ SARAMAGO, a quien se le concedió el premio Nobel de Literatura 3 años después, en 1998.

En la novela…

Una repentina epidemia ataca a las personas que habitan en una ciudad y las deja ciegas. Las autoridades deciden que para evitar los contagios tienen que poner en cuarentena a todos los afectados en cuanto perciban que han dejado de ver. Para tenerlos controlados los confinan en un antiguo psiquiátrico, de donde nadie podrá salir. Tampoco nadie podrá entrar, si no es ciego, de manera que se acordona el edificio y una guardia militar se instala a la entrada para acercar hasta las puertas la comida diaria y para evitar cualquier intento de salida, que repelerán disparando a matar.

Pocos días después, a los nuevos ciegos se añaden los ciegos de antes de epidemia, los ya existentes en la ciudad. Así les atienden a todos a la vez y no es necesario tener dos lugares para una misma cosa. Total, aunque se contagien, ellos no se van a quedar ciegos, porque ya lo están.

En esa nueva situación, los ciegos se organizan por su cuenta. Cada cual trata de buscar acomodo entre la gente que ya conoce. Por ejemplo, los ocho o diez primeros en ser confinados se mantienen cerca unos de otros en la primera de las salas que ocuparon. Sin embargo, la falta de comida, y el mal reparto que se hace de ella, la falta de medicinas, el encierro y la llegada de los ciegos de siempre, adaptados ya a vivir sin la vista, y la malicia y el abuso de algunos de ellos conducen a una situación de sálvese quien pueda. Y a partir de ese momento cualquier acción, por inmoral que parezca, está justificada. Sobrevivir, cueste lo que cueste.

He elegido esos párrafos y esa novela porque en ella se pone de manifiesto el funcionamiento de la consciencia de las personas, que es donde cada uno debatimos y enfrentamos entre sí nuestros valores morales, nuestros deseos, nuestros pensamientos y nuestras acciones. Es ahí, en esos debates internos donde aparecen nuestras contradicciones, donde tratamos de acoplar creencias, pensamientos y actuaciones. Las actuaciones por lo general vienen guiadas por ideas generales que desde pequeños vamos adoptando en función del entorno donde crecemos y de los valores morales que aprendemos, que quedan grabados en nuestra memoria y que marcan una manera de entender el mundo.

A medida que vamos creciendo, valores e ideas se van consolidando, y a veces desmoronando. El ser humano es capaz de adaptarse a casi todo. De manera que del mismo modo en que puede modificar sus maneras de actuar en función del contexto en el que se mueve, también va adaptando su manera de pensar, y en definitiva sus ideas, sus valores y su moral a las nuevas situaciones por las que va pasando. De ese modo evolucionamos, y hoy dejamos de creer en lo que ayer creíamos, o al revés. Por supuesto, también hay personas que durante toda su vida apenas sufren cambios drásticos en sus ideas y convicciones. Tal vez se deba al hecho de que no han cambiado mucho sus modos y hábitos de vida, o tal vez porque nunca se han visto en una tesitura donde está en juego la propia supervivencia.

Es en el contexto de los cambios de modos de vida, y sobre todo en el de riesgo de perderla, en el que aparece con más claridad la diferencia entre moral y ética.

Si se acepta la existencia de diferentes moralidades, y si se comprende que el ser humano pueda sufrir cambios mentales o ideológicos a raíz de sus propias experiencias, se puede entender que deje de lado antiguas normas morales y abrace otras nuevas y diferentes. Lo que no tiene por qué cambiar es el sentido de su ética, porque la ética está por encima (o debería estar) de las normas, reglas y condiciones de vida en cada lugar, tiempo y circunstancias.

Llego hasta aquí para tratar de entender cómo actúa el ser humano cuando cree que lo que hace es lo que tiene que hacer, y que eso está por encima de todo. Alguien tenía que hacerlo, dice a su esposo la mujer que ha matado al líder del malvado grupo de ciegos que se ha hecho con el poder en el lugar donde están confinados por cuarentena todos los ciegos de la ciudad. 

Pero claro, una cosa es pelear y matar para sobrevivir y otra bien distinta es hacerlo por causas menores. Cuando el desequilibrio entre el motivo que la provoca y la acción que se ejecuta es patente, la ética no lo justificará. Tampoco debería hacerlo la moral, aunque los individuos se acojan a ella para tratar de ocultar los verdaderos motivos.

Pero nuestro análisis no consiste en examinar las acciones de tanta gravedad como dar muerte a otras personas. Ni siquiera pretendemos examinar esas otras acciones que constituyen de por sí un delito, aunque no lleguen ni de lejos al de asesinato. Nuestro análisis pretende centrarse en numerosas acciones malignas que con mucha más facilidad ejecutamos a diario, dirigidos por nuestros idearios morales.

Entre esas acciones encontramos una larga variedad de comportamientos sectarios promovidos por una teórica superioridad moral, que tienen la intención de promocionar una determinada ideología política. Ahí radica el comienzo de lo que podríamos definir como una estafa emocional que busca su beneficio en conseguir seguidores que apoyen y voten a favor de la ideología que propagan.

La estafa emocional tiene un beneficio ideológico muy grande. Las tareas de adoctrinamiento utilizan mucho la presión sobre los elegidos y además son muy machaconas y repetitivas. También suelen ser muy exageradas. Se dramatiza el peligro y se extrema el desastre futuro si no se le frena al oponente. Suelen empezar con un engaño inicial que genera confusión (cuanta mayor es la ignorancia más confusión), luego hacen gala de la camaradería y atraen hacia sí a los individuos fomentando una singular amistad, que de ninguna manera debe romperse. A quienes se resisten se les busca para, en apariencia, disfrutar el tiempo compartido, a la vez que se les aprieta para que no rehúsen los compromisos que conlleva la camaradería recién instaurada. 

Y una vez que éstos recogen las primeras cosechas, ellos mismos comienzan a actuar como auténticos distribuidores de grano. La militancia asegura la renovación de los distribuidores y la expansión de las cosechas. Finalmente, todo se encauza y todas las aguas siguen el mismo curso, como las de las cuencas de los ríos.

El adoctrinamiento crea una frontera mental a partir de los grandes lemas que se repiten sin cesar en los cerebros adoctrinados. Tú pasas, tú no pasas. El mecanismo del que se sirve es un patrón bipolar intransigente, que no muestra ninguna duda a la hora de clasificar los contenidos que le llegan. Tú sí, tú no. De ese modo es capaz de filtrar, de manera rutinaria y sin ninguna sombra de duda, todo cuanto le llega. El cerebro adoctrinado procede igual que un bot, aunque para ser justos, habría que concederle la prioridad, ya que el bot se ha unido después al grupo de los repetidores. Así, que rectifico. El bot es un cerebro adoctrinado. El bot es un cerebro simple. El adoctrinado también.

Volvemos al enfoque desde el punto de vista de la responsabilidad social. ¿Podemos esperar que un cerebro adoctrinado asuma su responsabilidad? No.

¿Podemos esperar que un manipulador de bots asuma su responsabilidad social? Sí.

¿Qué podemos entonces esperar de un bot? Que sea fiel.

¿Solo eso? Solo eso.

Queda claro. El cerebro humano es responsable de su comportamiento social. Si miente para conseguir un propósito por bueno que parezca y a pesar de que se escude en sus reglas morales, éticamente no ha obrado bien y su actuación es reprobable.

El cerebro adoctrinado no es responsable de su comportamiento social. Si miente, él no lo sabe. También desconoce si en sus actos hay intenciones malvadas. Su propósito es servir al país a través de las órdenes que recibe de su líder, a quien debe lealtad.

Este es el panorama. 

Seguidores de luces. Combatientes por acto reflejo o por creencias en falso. Hay muchos casos en los que los individuos son utilizados por los líderes a cambio de nada, o como mucho a cambio de hacerle creer al individuo que pertenece al grupo, que se cuenta con él.

Eso no es poco, para muchas personas ese sentimiento de pertenencia es muy importante, es un anhelo vital. El resto tiene bastante con creerse que son miembros. A quienes cuentan, lo único que les interesa es que los de atrás hagan masa, y que cuando convenga que hagan ruido.

Masa de la masa. Fidelidad unidireccional. Masa doble. Y a veces, solo para mantener una autoridad aparente que en verdad no se tiene. Es triste. Pero la ilusión se encarga de mantener el ánimo.

En el caso del activismo político se da con mucha frecuencia la entrega ciega. En la novela que ha servido para adentrarnos en esta reflexión, dice la mujer que ve: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven. Ciegos que, viendo, no ven.”

Las redes sociales están llenas de ciegos que ven, ciegos porque no leen lo que ven.

 


No hablo de las personas que actúan bajo el influjo de la ambición, del egoísmo o de la necesidad, sino de las que actúan siguiendo simplemente unas normas morales. Y hay tantas.

El resultado de esta mezcla de modos de ver y de actuar en el mundo de hoy, es que cada día nos encontramos en situaciones en las que tenemos que tomar decisiones con respecto a terceras personas, que al igual que nosotros, actúan conforme a sus creencias y normas morales. Si cada persona actuara solamente siguiendo esa moralidad, porque pensara que su moralidad está por encima de la moralidad de los otros, no habría nunca ni entendimiento ni respeto entre nosotros.

Precisamente, es lo que quieren quienes insisten en refregarnos en la cara nuestras supuestas normas morales para que nunca olvidemos cómo hemos de actuar. La manera que ellos tienen de hacerlo es pues, mantener siempre caliente las diferencias, que no se nos olviden que los otros no son como nosotros, que no piensan igual, y que sus ideas morales son prejuicios y no valen nada, e incluso se les tacha de amorales, porque, nos justificamos, todo lo que hacen lo hacen para enriquecerse, para tenerlo todo en sus manos, para oprimir a los que no piensan como ellos… para…para.

Yo, paro. Usted puede añadir a esa lista todo lo que desee.

Ahí está el punto de inflexión del activismo político. Si los activistas, y sobre todo quienes promueven y alimentan el activismo, no ven motivos éticos que limiten y frenen hasta un cierto punto la propaganda ideológica; si el activismo y sus jefes se saltan todas las barreras éticas y empujan y obligan a los de abajo a saltárselas también, si obligan a los de abajo a mentir, a manipular datos y hechos, a estafar sentimentalmente a personas indefensas, a tratar de engañar a la ciudadanía para conseguir votos o seguidores; si actúan de esa forma tan rastrera pierden toda la razón moral en la que se apoyan, y pierden también la decencia y la honestidad. 

Quien hace eso es porque no alberga en su interior la más mínima duda, es porque cree ciegamente que está en posesión de la verdad más absoluta, y es sobre todo porque carece de ética. 

No estoy en contra del activismo político y mucho menos en contra de quien lo hace por convicción ética o moral. Al contrario, me parece que es una manera muy importante de participar y colaborar en el desarrollo de una sociedad mejor, y por lo tanto es una iniciativa que apoyo. Lo que no apoyo es que algunos activistas se escondan debajo de la falda de mamá moral para permitirse hacer trampas, engañar y estafar a quienes les leen o escuchan, y al mismo tiempo tener paz consigo mismo y no sentirse nunca responsables de sus acciones.

Lo que no apoyo es la idea de que el fin justifica los medios, y mucho menos apoyo la universalidad de esa frase. Mejor sería que cada cual decida por sí mismo si lo que hace está justificado o no por lo que logra con sus acciones, pero valorando todo, lo positivo y lo negativo, y que lo haga asumiendo personalmente las consecuencias de sus actos y no las eluda poniendo por medio excusas como que es una orden de arriba o que sus valores morales le obligan y por supuesto le protegen y eximen de sus responsabilidades como persona.


martes, 30 de abril de 2024

La polarización política en los medios de comunicación y en las redes sociales

 


                                                               EPISODIO 5 EN IVOOX


Sucedió en el Congreso, el miércoles 10 de abril en la sesión de control al Gobierno, unos días antes de que yo publicara el Episodio 4 de La Sociedad Sentada, en el que comenté en profundidad un chapucero tuit que trataba de comparar los niveles de explotación de Empresa y Estado a partir de los ingresos salariales de un trabajador y los impuestos que debe pagar al Estado. Yo estaba acabando la preparación de ese episodio y curiosamente saltó en las redes sociales otra historia similar. El asunto de los impuestos volvió a aparecer y los datos falsos, exagerados, mentirosos o erróneos también.

En este caso la polémica de nuevo ha dividido las opiniones alrededor de los dos grupos de siempre.

El vídeo que recoge el momento que hemos escuchado se movió rápido por las redes sociales y la gente que las sigue ya ha tenido ocasión de verlo y escucharlo cuantas veces ha querido.

 

Dice el diputado Figaredo:

«un español que hoy perciba 15.876 euros, el salario mínimo interprofesional, que llega a su bolsillo, Hacienda y el Estado se llevan 8.400 euros, un 54% del salario de aquellos españoles que menos cobran».

La ministra le responde, claro.

«¿Cómo que un salario de 15.800 euros paga en España 8.000 euros en el IRPF? ¿Pero quién le ha dado ese dato, Señor Figaredo? Mire, le digo más, es que esa renta de Salario Mínimo Interprofesional está exenta de pago del IRPF, con las modificaciones que hemos hecho».

 

Algunas cadenas de televisión lo sacaron enseguida, las redes se hicieron eco de inmediato, y tuvimos servida una nueva polémica polarizada.

¿Intencionada? ¿Quién la inicia? ¿Los seguidores del diputado de Vox, que lanzó un ejemplo falso para remover la arena? ¿O los seguidores de la ministra que respondió confundiendo el IRPF con el total de la presión fiscal en España? ¿Son datos veraces los que da el diputado Figaredo o se trata de datos tomados al paso porque ni él ni sus asesores encontraron nada mejor para llevar a la sesión de control del Gobierno?

¿Y qué pasa con la respuesta de la ministra de Hacienda? En realidad, ella lo que hace es devolver la pregunta, ¿quién le ha dado ese dato?, aunque confunda el todo con la parte. Y luego, sí, añade que esa renta está además exenta de pago de IRPF. La ministra se refiere a que en 2024 desaparece la imposición del IRPF al SMI, y todo señala que es así.

 

Pues bien. A pesar de la claridad de ambas intervenciones el asunto originó una nueva batalla en el barro de las redes sociales, llena de insultos y de descalificaciones.

Es curioso cómo se analizan las frases de cada uno en función de la ideología del analista. ¿Estaré yo cayendo en lo mismo? Seguramente. El caso es que me gusta analizar y comprobar todos los detalles. Me parece muy interesante llegar al fondo de cada caso y poder tener una visión no inducida por otros. Por supuesto también comparo y analizo otras versiones.  

Pero lo que hay que tener en cuenta, sea quien sea el analista son los datos objetivos. Si tú pones un ejemplo y das un dato asumes que sabes que es un ejemplo válido porque encaja en la realidad. No puedes dar un dato y cuando te rectifican con acierto responder que da igual porque lo importante es que el mentiroso siempre es el otro. Eso es una defensa estúpida.

Los datos que se dan no se quitan. Esos datos se asumen y no se desdicen porque sí,

y si quieres desdecirte lo haces, pero antepones una petición de disculpa por el error cometido o lo justificas con una explicación clara y demostrable.

No es necesario acusar a nadie para defenderse.

Es suficiente con que cada uno rectifique con humildad lo que considere que ha dicho por error.

El primero que comienza a insultar y descalificar debe asumir que a continuación puede ser insultado y descalificado también. Y eso es lo que pretendes, y lo consigues, recibe mi más rastrera enhorabuena.

No es tan difícil ser honestos, pero hay que querer serlo. Y desde luego, si por delante de tu honestidad pones tu fidelidad a una ideología específica te va a costar un poco más ser honesto.

Si crees que podemos y debemos cerrar los ojos para no ver, y así poder mentir y mentirnos sin que nos duela la conciencia, y todo lo haces en favor de la ideología que te mueve, te va a ser muy difícil aceptar la realidad y reconocer la verdad.

Si en la pelea política lo único que te importa es sentirte vencedor, te bastará con creer que siempre vences, aunque no venzas, aunque no sea verdad, aunque ni siquiera haya habido combate. Es fácil. Acostumbra a tu cabeza a no pensar. Utiliza tu cerebro para otra cosa, entretenlo mirando videos de perros o de toros, que distraen la mente y no generan conflictos internos.   

Pero si te gusta aprender, saber, conocer…,

analiza con una visión libre, no te dejes condicionar por nada que pueda tergiversar los hechos o los datos.

Analizar lo que se dice en un video y lo que se escribe después en las redes sociales es interesante siempre que se haga olvidando por un rato que tenemos una moral y una ideología incrustada en nuestra mentalidad.

Miremos los hechos tal cual suceden. Aprendamos a mirar sin las lentes ideológicas que tergiversan la visión. Si estamos en una habitación y de pronto dejamos de ver con claridad, no acusemos a alguien por haber apagado la luz, quitémonos las gafas de sol que nos acabamos de poner.

Analicemos con equidad. 

Figaredo no menciona el IRPF, dice que Hacienda y el Estado se llevan el 54% del salario, por lo que cabría suponer que se refiere al global de impuestos que el trabajador debe pagar.

Aunque el tipo de porcentaje nos parezca alto, a priori, debemos confirmarlo haciendo cálculos de los diferentes y posibles impuestos, y a los tipos que sabemos que cotizan. Si acusamos sin hacer un solo cálculo, solamente porque nos parece exagerado, no tenemos ningún argumento.

Para empezar, lo normal es aceptar que Figaredo habla del global de los impuestos y no solo de IRPF. Es aceptable. No hay por qué poner en marcha la ideología para interpretar el asunto al revés.

La ministra, es cierto, al responder al diputado Figaredo, se refiere a ese porcentaje como si todo fuera en concepto de IRPF, cosa que no ha mencionada específicamente Figaredo.

Pero como hay personas que lo han entendido del mismo modo que la ministra, porque piensan igual o porque siguen al mismo partido político, pues arremeten contra Figaredo.  Por el otro lado, los seguidores de Figaredo y su partido, rectifican a la ministra y aprovechan para acusarla de mentirosa y de todo lo que les parece.

Sin embargo, entre unos y otros, entre quienes entraron a opinar sobre el caso en la red social, sean de un lado o del otro, pocas personas han señalado que, al margen de que se refiera al global de los impuestos o al IRPF en concreto, el dato que da el diputado de Vox parece exagerado.

Podemos creer que la ministra lo resume en el IRPF porque es sin ninguna duda, el principal impuesto, el que supone la mayor parte del porcentaje. Podemos creer que ha confundido la parte con el todo por puro error. Y podemos creer que la ministra miente, como dicen muchos de los seguidores del diputado Figaredo y como dice él mismo en los tuits que escribe a partir de haberse aireado el caso.

Sin embargo, antes de concluir nada hay que hacer las comprobaciones, sería más fácil y mucho más razonable pensar que tanto el señor Figaredo como la señora ministra han tenido un lapsus mental. Es decir, se han equivocado. El uno por dar un porcentaje excesivo y la otra por confundir IRPF con el total de los impuestos.

Hay errores muy simples, que podríamos obviar, porque todos los cometemos. El de la ministra podría ser uno de ellos. También el de Figaredo, cuando dice,

“un español que hoy perciba 15.876 euros, el salario mínimo interprofesional, que llega a su bolsillo…”

Es obvio que esa no es la cifra que llega a su bolsillo, lo que le llega es mucho menos, el mismo diputado lo confirma cuando dice que Hacienda y el estado se quedan con el 54% de ese salario. Es un error obvio, producto de un lapsus, y a nadie se le ocurre decir que miente por eso. Así que todos podemos tener lapsus y cometer ese tipo de error.

A la ministra se le acusa de cometer otro error al decir que el gobierno ya ha eliminado el IRPF para ese tipo de salario (SMI) y se justifica porque de momento eso es solo una intención del gobierno, ya que no se han aprobado aún los presupuestos de este año y por lo tanto se mantienen los del ejercicio anterior, que no incluyen aún la exención de IRPF a los salarios mínimos ¿Otro lapsus? ¿O es también otra mentira urdida a propósito?

Pues no, ni es una mentira ni es un lapsus. La ministra dijo eso porque el gobierno, 

Tras aprobar la última subida del salario mínimo interprofesional en un 5% hasta los 15.876 euros brutos anuales en 2024 (1.134 euros mensuales), el Gobierno elevó también el mínimo exento del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) hasta esa misma cantidad para que sus perceptores no paguen el impuesto de la renta, que es precisamente lo que contestó a Figaredo. Montero, en su réplica (min. 6:01:37).

Lo hizo modificando el Reglamento del IRPF mediante el Real Decreto 142/2024. Con la entrada en vigor de la nueva norma en febrero se dejó de practicar retenciones de IRPF en las nóminas mensuales a los trabajadores con ingresos por debajo de ese umbral de 15.876 euros anuales.”

(texto tomado de la página web de newtral.es)

https://www.newtral.es/

Pues a pesar de todo, en las redes la disputa siguió sin cambiar un ápice. Se ha demostrado en muchos análisis hechos que los datos que dio Figaredo eran erróneos, falso o inventados,

Sin embargo, él mantuvo su tesis inicial, y en sus comentarios en las redes sociales trató de buscar justificaciones sin ningún sentido, si le echaban por tierra lo del IRPF, pues decía que la cifra se debía a las cotizaciones a la Seguridad Social,

(pero se refería a lo que paga la empresa por cotizaciones, cifra que por supuesto no está integrada en los 15.876 del SMI)

por lo que salía de una para meterse en otra mayor,

y cuando se le demuestra que desde febrero 2024 ya no se realizan retenciones de IRPF a las rentas de SMI, acaba escribiendo:

que no les harán las retenciones pero que luego tendrán que pagar cuando hagan la declaración.

Una mentira más, porque, como ya se ha dicho; el gobierno, tras aprobar la última subida del SMI, elevó también el mínimo exento del IRPF hasta esa misma cantidad para que sus perceptores no paguen el impuesto de la renta.

Como vemos, otra corrección improvisada que solo pretendía salvar la ridícula situación en la que había caído, y que solo le sirvió para poner más en evidencia todavía la flaqueza de su intervención en la Sesión de Control al Gobierno.

También ha servido, y mucho, para quienes quieran tomar nota del valor que tiene elegir bien a los diputados, de que no es una cuestión de ideología ni de partidos, sino de personas capaces, de personas trabajadoras, que se forman, que conocen, que se asesoran y que demuestran que hacen y saben hacer su trabajo.

Ese señor que esgrime razonamientos tan cutres, que cuando se ve pillado en sus mentiras miente aún más para defenderse de lo indefendible, pero que además resulta que es un trabajador a cargo del estado, es decir, que cobra, y bien, del dinero que recauda el estado, sí, de ese dinero infame que el maligno estado recauda, según dice él, restándolo de los salarios de los españoles que ganan menos,

y añado yo, dinero que utilizan para pagarle un buen sueldo a algunos diputados que no se esfuerzan lo suficiente, porque acuden a la Sesión de Control del Gobierno sin haber preparado su intervención, de manera que van, sueltan dos datos erróneos y una acusación absurda, y se van a su casa orgullosos y convencidos de que acaban de dar un buen palo al Gobierno, porque les han aplaudido los compañeros de partido y algunos diputados más, de partidos del mismo bando, que aprovechan la ocasión para meter ruido y cizaña.  

Cuánta estupidez y cuánta incongruencia.


Llegados a este punto, vuelvo a recordar el caso del tuit de Marcos de Quinto que analizamos en el anterior episodio (el 4º) de este mismo Podcast.

En ese ejemplo, se aplicaba casi un 47% (el máximo del IRPF) a todo el salario, sin tener en cuenta los tramos progresivos, también aplicaba todo el IVA al 21%, como si no hubiera consumo de productos básicos al 0%, y otros productos al 4% y al 10%.

Un caso en el que lo principal era la enorme distorsión de las cifras. Un caso en el que el autor del tuit pretendía defender al pobre trabajador ante la avaricia del estado. Un caso en el que el objetivo estaba centrado en una comparación fantasma. Un caso con argumentos incompatibles, premisas conectadas entre sí por el palo de una escoba y conclusiones preparadas de antemano, que nada tenían que ver con el procedimiento lógico que soporta ese tipo de comparaciones.

Lo traigo de vuelta, no porque el caso Figaredo sea una chapuza como aquella, que lo es, sino porque ambos coinciden en el mismo objetivo.

Ambos son, curiosamente, empresarios defensores del trabajador frente a la avaricia del estado. Pero a diferencia de aquél, el protagonista de hoy no pretende montar una farsa fingiendo una comparación empresa-estado. Figaredo es más osado y va directamente a por el estado y nos ahorra las comparaciones incomparables del otro.

 

Si realizáramos el mismo tipo de cálculos que hicimos en el caso anterior, para comprobar con unas cifras más reales, lo que en este caso habría pagado el trabajador en concepto de impuestos, IRPF incluido, en el ejercicio de 2023,

le deduciríamos unos 1.008 euros por cotizaciones a la Seguridad Social por parte del trabajador, y unos 3.187 euros en concepto de IRPF, aplicando los tramos y porcentajes correspondientes, lo que supondría un tipo aproximado del 20%.

Imaginemos que paga un IBI de 500 euros (porque es propietario de vivienda, porque si viviera en casa de alquiler lo iba a tener mal para pagarlo)

Suponemos que la cantidad que le resta la gasta toda y que no ahorra nada, porque es imposible ahorrar con ese salario, y aplicamos un IVA del 10% (podría ser menor) a todo ese gasto, porque suponemos también que Figaredo no haría lo mismo que el tuitero de nuestro anterior episodio, ése que pagaba en todos sus gastos, incluido el pan y la leche, el 21% en concepto de IVA.


En resumen:


 

Después de este rápido análisis cabe concluir que el dato de Figaredo, que dice que el estado se lleva el 54%, no es correcto.  

Según nuestros cálculos, usando los datos seguros que conocemos, el porcentaje estaría en un 36,62 %.

Ahora podríamos preguntarnos: ¿Es mucho lo que se quedaría el estado, para un salario tan bajo?

Sí, lo es. De hecho, el propio gobierno lo entiende así. Ya que como se ha comprobado, para el año 2024 esos salarios estarán exentos de pagar IRPF.  

Así que, aunque el Señor Figaredo se refería al global de los impuestos y no específicamente al IRPF. Los datos que da son erróneos, incluso en el caso de los impuestos correspondientes al año 2023.

Por lo tanto, las explicaciones que dio en el Congreso y las posteriores que publicó en las redes sociales no eran correctas, así que mintió de forma reiterada para cubrir datos falsos, de manera que cabe volver a preguntarle otra vez:

¿quién le ha dado esos datos, Señor Figaredo?

Que nos lo diga, por favor.

lunes, 15 de abril de 2024

 

DESINFORMACIÓN, 
ERRORES DE CÁLCULO Y DE EXPRESIÓN 

                                                            


Contra la desinformación, la basura y el barullo informativo, conocimiento, criterio y comprobación. EPISODIO disponible en el podcast La Sociedad Sentada, enlace aquí.


La imagen que ven debajo de estas líneas es una captura de pantalla de un tuit publicado el día 31 de octubre de 2023.




Este tuit comienza dando un dato, 50.000 euros, a modo de ejemplo y como punto de partida teórico para trazar un recorrido argumentado. La cifra representa el coste empresarial de un  supuesto empleado que podría ser quien lee el tuit, que es a quien directamente se dirige. Como el tuit lo leí yo, pues me di por aludido. Ahora, asi lo ha leído usted, también puede darse por aludido.

La intención que tengo es analizarlo poco a poco, frase a frase.

 

Pongamos que:

-por tu trabajo un empresario paga 50.000 euros

 

No lo explica, pero por el contexto sabemos que se refiere a un coste anual. Luego sigue:

 

(13.500 se los da al estado como cotizaciones y 36.500 a ti)

 

Ya ha hecho un cálculo, sin decir cómo. ¿Nos fiamos? ¿O indagamos a ver cómo lo ha calculado?  

El lector desconfiado tendría que averiguar qué porcentaje ha utilizado el tuitero para calcular las cotizaciones a la Seguridad Social a cargo de la empresa.

Tomando los datos que nos ha dado se puede calcular. Y lo hago para las dos cifras que nos da, las cotizaciones a cargo de la empresa y las cotizaciones a cargo del trabajador (que señala en el siguiente párrafo).

Compruebo que para el cálculo de las cotizaciones de la empresa ha utilizado un 27% y para las del trabajador un 4%.

Ahora busco en la web de la Seguridad Social para verificar si son correctos. Veo que estos porcentajes no son fijos, sino que varían un poco en función del tipo de régimen (general o específicos), y también porque depende de las condiciones laborales de cada trabajo. Temas como la peligrosidad y la seguridad, según el tipo de trabajo, y también los tramos mínimos y máximos establecidos en cada categoría laboral de los diferentes sectores económicos.

Pero lo más aproximado a la media (según varias webs de asesorías consultadas, además de la propia web de la Seguridad Social) sería el 32% para la empresa y el 6,45% para los trabajadores.

 

-De esos 36.500 tú le das al estado 1.460 de cotización y 16.425 de IRPF

 

Parece que hay un cálculo a la baja por parte del tuitero en esos dos porcentajes, lo que incrementa la suma que cobrará el trabajador. Eso parece, ¿no?, le rebajan menos, cobrará más. Pero es que esto no va exactamente de lo que cobra el trabajador, cuando lleguemos al final lo veremos. De momento, adelanto, que si el tuitero aplicara el 32% y el 6,45% y siguiera adelante con el resto de cálculos tal y como los ha hecho, nos llevaría a una situación imposible, ya que con los datos que nos da él, cuando calculamos el siguiente porcentaje que ha usado (que es el tipo de IRPF) ese tipo subiría al 51,64%, un tipo que sobrepasaría el tipo máximo aplicable en el IRPF en España, que es el 47%. Así que una solución para evitar eso está en rebajar las deducciones por cotizaciones.

No obstante, vamos a ver que se ha ajustado al límite máximo. Hacemos el cálculo con los datos que nos da el tuitero y comprobamos que la retención de 16.425 euros proviene de aplicar un tipo del 46,88%, como se ve muy cerca (12 centésimas) del límite máximo, pero no lo sobrepasa. Recuerdo que el tipo máximo está en el 47% y se aplica solamente al tramo de los ingresos que superan los 300.000 euros. Así que esa supuesta rebaja en las cotizaciones ha sido la que permite, después, que no se haya superado el tipo máximo.  

Ya podemos ver que hay un cierto manejo de los datos. Pero eso no es lo peor. Lo que más llama la atención es que el tuitero ha ignorado la existencia en España de los tramos progresivos en el IRPF, porque ha tomado ese tipo que no llega al máximo por 12 centésimas (46,88%) y lo ha aplicado en sus cálculos al total anual percibido por el trabajador.

Así que los 16.425 euros que dice el tuitero que van al Estado como retenciones del IRPF, se convierten en 7.707 euros, a un tipo medio del 24,3% cuando aplicamos los tipos verdaderos a cada tramo progresivo.

Y aquí está el primer gran, gran error de cálculo que ha cometido el tuitero. (Al trabajador, el Estado le retendría 8.718 euros menos de lo que dice el propagador de ese tuit).

Gran error, en primer lugar, porque ha ignorado que en España el tipo del IRPF es progresivo y se aplica por tramos. Esto quiere decir que se aplican diferentes porcentajes desde una cifra de ingreso hasta otras, de forma progresiva.

Y en segundo lugar porque ha tomado el tipo máximo para todo el salario, cuando es un tipo que solo se aplica a los ingresos procedentes del trabajo que superan los 300.000 euros anuales.

En este ejemplo lo vemos, imagine que el trabajador es el presidente de la empresa y ha ganado 500.000 euros anuales:

TRAMOS IRPF

desde

hasta

total

tipo

importe

1

0,00

12.449,00

12.449,00

19%

2.365,31

2

12.450,00

20.199,00

7.749,00

24%

1.859,76

3

20.200,00

35.199,00

14.999,00

30%

4.499,70

4

35.200,00

59.999,00

24.799,00

37%

9.175,63

5

60.000,00

299.999,00

239.999,00

45%

107.999,55

6

300.000,00

500.000,00

200.000,00

47%

94.000,00

 

Sumamos las cantidades y nos da 219.899,95 euros a pagar por IRPF, lo que supone un tipo medio del 43%. ¿Imaginan lo que habría tributado por IRPF si le aplicamos el tipo máximo a todo el salario sin tener en cuenta los tramos?

 

Seguimos con el tuit. Vamos al siguiente cálculo. Dice:

 

-De los 18.615 que te quedan, consumes 15.000, de los cuales van 3.150 al estado en concepto de IVA

-De los 3.615 que te quedan, pagarás IBIs, etc

 

Leo que he consumido (soy el lector, y me pongo en el papel del trabajador lector al que el tuitero se dirige) 15.000 euros, que incluyen 3.150 euros en concepto de IVA y se acaban de poner de punta todos los pelos de mi cabeza. Menos mal que son muy pocos y recién rapados.

Ahora en serio ¿Puede usted imaginar qué tipo de IVA está aplicando el tuitero para llegar a esos 3.150 euros de IVA, incluidos en un gasto de 15.000 euros?

En efecto, el 21%. ¿Significa eso, que todos mis gastos anuales los hago comprando productos que no gozan de ningún tipo de reducción? Es decir, que yo no compro alimentos básicos en todo el año. ¿No será que el tuitero desconoce que hay diferentes tipos en el IVA, reducido, superreducido, que van desde el 0 hasta el 21, pasando por 4 y por 10?

A lo mejor él no hace las compras de la casa. A lo mejor él no mira los gastos. No le hará falta.

Vamos a suponer que este es el segundo gran, gran error de cálculo. ¿Nos lo creemos?

Como ven, no es muy complicado encontrar y corregir errores, pues se trata de conocer o buscar si no se saben, los datos sobre tipos y porcentajes que se aplican en las cotizaciones a la Seguridad Social y en los diferentes impuestos que pagamos, tales como el IVA, el IRPF… etc.  

Pero lo más sorprendente llega en el resumen que el tuitero nos hace por si no hemos comprendido bien la lección. Dice así:

 

RESUMEN:

-Generas 50.000 (100%)

-El estado se queda con más de 34.535 (70%)

-Para ti quedan 18.615 (30%)

¿Quién de verdad te explota?

_pero a esto le ponen un nombre muy bonito: “justicia social”

 

Así que después de los gruesos errores que ha cometido, simplifica y resume, a lo grueso también, y a conveniencia que genero 50.000 euros, que el Estado se queda con el 70% (69,07% según sus propios cálculos y sus evidentes lagunas artificiales o reales) y que yo me quedo con el 30% (30,93%), cuando en realidad, de haber utilizado los datos reales, tendría que decir que el Estado se queda con el 54,80% y yo con el 45,20%.

El error de cálculo final es el producto de varios errores que han sumado todos a favor de obra (de la suya), y concluye en una diferencia muy, pero que muy significativa. Y muy exagerada. Que encaja muy bien en la idea que pretende vender.

Entre 70 y 30% hay una diferencia de 40 puntos. Pero si hacemos los cálculos bien, y eliminamos esos errores, la diferencia es mucho menor, pasamos del 70 al 54,80% en cuanto a lo que recauda el Estado y del 30 al 45,20% en cuanto a lo que recibe el trabajador. El lector, yo.

Corregidos los errores, la diferencia de reparto en los porcentajes pasa de 40 puntos a 9,60 puntos. Es evidente por qué el tuitero prefiere ignorar datos o hacer cálculos erróneos.


 


Hay más detalles que señalan que el mensaje está redactado con intenciones ocultas, porque también aparecen errores de expresión.

 Analicemos el texto del resumen.

Dice,

-Generas 50.000 (100%)

¿Qué quiere decir con eso, que es la misma cosa el coste empresarial por la producción que el rendimiento final de esa producción?

Si así fuera, el empresario no ganaría nada, al contrario, perdería al tener que pagar otros costes que no tienen que ver con el trabajador.

Se supone, que el conjunto de los trabajadores de una empresa, generan con su trabajo beneficios económicos para la empresa, incluso después de descontar todos los costes de producción, incluidos por supuesto los costes salariales y cotizaciones a la Seguridad Social. Es decir, que lo producido por los trabajadores está por encima de su coste, salvo que la empresa esté dando pérdidas (pero esa situación no se mantiene por mucho tiempo y no es el caso). Así que el tuitero no debería utilizar en este caso el verbo “generar” porque confunde. A no ser que, claro está, que lo que realmente quiere es confundir.

¿Le damos de nuevo la presunción de ignorante, en vez de la de embustero? De acuerdo, vamos a creer que su expresión es incorrecta, errónea.

Leo las dos últimas frases del tuit. Son importantes porque despejan dudas. Creo que el propio autor también las tiene. Parece que no estuviera seguro de que sus argumentos fueran suficientemente fuertes y acaba recurriendo a expresiones emocionales. La primera es una pregunta, lo digo porque está en modo pregunta, con sus signos de interrogación y los acentos donde tienen que estar. Pero en realidad parece más bien un plebiscito a domicilio. Dice en la primera:

 ¿Quién de verdad te explota?

¿Y esto, a qué viene? ¿Qué tengo que votar en este plebiscito? ¿Me has traído hasta aquí para que elija entre los dos soportes elementales de la sociedad a la que pertenezco? Las empresas la componemos todos los que aportamos nuestras capacidades de trabajo en ellas, aunque tengan propietarios que se reparten los beneficios. Y el Estado lo componemos todos los que aquí vivimos, incluidos los que no aportan dinero a través de cotizaciones o impuestos.

Me sorprende, no porque pregunte algo tan ridículo que nada tiene que ver con el trapicheo de cifras que ha realizado previamente, ya que mezcla y enfrenta a la empresa con el estado sin haber ofrecido información alguna de la relación entre ambos; me sorprende porque es una forma tan infantil de preguntar, de tratar al lector, presionando sobre la respuesta que desea recibir, que entiendo la pregunta como si me estuviera preguntando si quiero más a papá o quiero más a mamá.

Así que éste era el objetivo. Culpar al Estado de nuestros escasos salarios. Al Estado, que somos todos, queramos o no. Da risa. ¿Será que el tuitero tiene un dilema? ¿Ser o no ser?

Pues yo creo que si quería llegar a que señalemos con él que nos explota el Estado y no la empresa, debería haber tomado otro camino. Debería haber empezado diciendo: le cuestas a la empresa 50.000 euros, y seguir a continuación con unas premisas realistas que enlazaran con los demás gastos de la empresa, que incluyeran los impuestos y obligaciones económicas de la empresa para con el Estado, y finalmente acabaran hablando de los beneficios que obtiene la empresa tanto por la venta de sus productos como por las ayudas indirectas (y directas) que les concede el Estado. De ese modo, yo podría comparar mi salario con los beneficios de la empresa y con los pagos que hago al Estado, y valorar si procede, y averiguar si alguno de los dos me explota y, si es así, quién de ellos, de verdad, me explota más y mejor.  

Pero no creo que la intención del tuit sea la de hacer ese tipo de comparaciones y mucho menos que pretenda que el lector del tuit lo analice con detalle, realice los cálculos por su cuenta y tome los datos pertinentes de la información oficial que está a disposición de la ciudadanía; que es en definitiva lo que estoy haciendo yo, y de ese modo evito que me confundan los errores de cálculo o la ignorancia del tuitero y posiblemente también que me engañen sus argucias o sus errores de expresión. Pero, insisto, no creo que sea eso lo que pretende el tuitero.

 

Por el tono de esa pregunta, parece que habla al lector como si se dirigiera a un estúpido. Pudiera  ser, que lo que espera el tuitero es que quien lo lea lo repita tal cual, no tiene por qué entender lo que dice el tuit, y mucho menos examinarlo a ver si están bien hechas las cuentas. En esa frase a modo de pregunta se expresa como si acabara de demostrar algo, cuando lo único que ha hecho ha sido manejar datos de forma errónea (a propósito, o no) para aumentar considerablemente y de manera engañosa unas diferencias entre empresa y estado, establecidas a partir de premisas mal relacionadas y que completa finalmente con una conclusión absurda. Y todo ello para retroceder un siglo.

 

O quizás no sea una pregunta, que es lo primero que pensé, y mucho menos que fuera dirigida a mí, al lector. ¿Pero a quién si no? No sé, quizás solo vaya dirigido a lectores que se quejan porque creen que les explota su empresa. Y no es mi caso. Pero entonces ¿a quién pretende convencer?, ¿a los que le van a negar lo que escriba sin fijarse en los detalles? ¿o es que solo va dirigido a los que le responden con aplausos, vivas y corazones? Bueno, ¿por qué no? A fin de cuentas, todos necesitamos afectos.

En cualquier caso, de lo que no tengo dudas es de que se trata de un tuit muy, muy, chapucero.

Y queda por mencionar la segunda frase de ese resumen. La frase final, el adorno con el que cierra el tuit. El culmen.

_pero a esto le ponen un nombre muy bonito: “justicia social”

¡Y otra vez que me deja estupefacto! Hay que ver, después de tanto esfuerzo para convencernos, el tuitero va y se empeña en poner un lacito al tuit, y se lo pone. Solo le ha faltado que fuera rojo.

Es que es… no sé cómo decirlo, es que es…

como si no se fiara de la inteligencia de los lectores, ni siquiera de la inteligencia de los que le aplauden. 

Nos hemos adentrado en las redes sociales para observar el ambiente que se percibe en ellas. No hay ninguna duda de que los principales temas de discusión que se dirimen en ellas confluyen en la batalla ideológica, política y social, absolutamente polarizada, que arrastra a un número importante de defensores y detractores.

Cada publicación orientada a ese tipo de temática conlleva informaciones de dudosa procedencia y más dudosa intencionalidad, cuando no falsedades tan evidentes, que solo se las cree quien no necesita leerlas. Esto lo explica muy bien “la posverdad”, ése término del que hablamos con detalle en el episodio segundo.  

Pero además de informaciones tan elocuentes, aparecen otras cuya intencionalidad, y seguramente su veracidad no se detecten a primera vista, quizás porque el tono tiene una apariencia más tranquila, quizás porque parece que el estilo utilizado se aparta de la radicalidad, quizás porque se presenta a modo de ejemplo… o quizás porque aporta detalles y datos concretos para respaldar su exposición sabiendo y creyendo que no todo el mundo está dispuesto a revisar datos y cálculos, y menos si son de la misma cuerda. De ahí que la cuerda aparezca siempre, bien sea antes, bien sea después.  

Lo importante es pensar primero y actuar después. Hacerse preguntas. ¿De dónde se toman los datos? ¿Cómo se realizan los cálculos? ¿Qué resultados se ofrecen y cómo se explican?

¿Hay manipulación intencionada para llegar a conclusiones falsas, o simplemente se trata de gruesos errores de cálculo y de expresión?

En definitiva, ¿qué pretenden? ¿Y qué pasa si se comprueban los datos y se demuestra que no son correctos? ¿Qué responsabilidades debería asumir quienes publican este tipo de mensajes? ¿Ninguna? ¿Ni siquiera la de pedir disculpas por los errores cometidos? ¿Qué es la ética? Se nos ha olvidado. En tiempos de guerra la ética desaparece.

 

 ESTAMOS HABLANDO DE LA DESINFORMACIÓN

Pedimos a ChatGPT que nos defina el término desinformación. Y responde esto:

 

ChatGPT 

La desinformación se refiere a la difusión deliberada de información falsa con la intención de engañar, manipular o influir en la opinión pública. A diferencia de la información errónea, que puede ser el resultado de errores honestos o malentendidos, la desinformación implica un acto intencional de engaño. Puede tomar diversas formas, como noticias falsas, rumores, teorías de conspiración, propaganda o falsificaciones. La desinformación puede propagarse a través de varios medios, incluyendo las redes sociales, sitios web, medios de comunicación tradicionales y boca a boca.

La desinformación puede tener graves consecuencias, ya que puede socavar la confianza en las instituciones, polarizar a la sociedad, influir en procesos políticos como elecciones y referendos, fomentar el miedo o el odio, y en casos extremos, contribuir a conflictos y violencia. Combatir la desinformación requiere un esfuerzo conjunto de individuos, organizaciones, gobiernos y plataformas tecnológicas para promover la alfabetización mediática, verificar la veracidad de la información y desacreditar las narrativas falsas.

Es una buena explicación. Espero que haya servido a los oyentes que no conocieran este término. Sin embargo, me gusta mucho más la definición que hace de este término el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Me gusta por su sobriedad y sobre todo por su contundencia. Y no puedo pasar sin dejar aquí constancia de esa definición:

desinformación 

1. f. Acción y efecto de desinformar.

Ant.:

  • información.

2. f. Falta de información, ignorancia.

Ant.:

  • información.

 

Por la cantidad de webs e instituciones que están dedicando grandes esfuerzos para luchar contra la desinformación, creo que se trata de uno de los grandes problemas actuales en nuestra sociedad.

Las principales universidades españolas tienen destinados recursos para tratar de contrarrestar los daños que causa la desinformación. Se han creado numerosos observatorios. Uno de ellos depende de la Universidad Complutense de Madrid. En su página web este observatorio ofrece mucha información al respecto. Además de universidades, hay otras instituciones públicas y privadas que trabajan en la misma línea. Citaré algunas que me vienen ahora a la cabeza, Newtral, Prodigioso Volcán, Maldita.es …

pero son muchas más. Entre todas hay cruces de información, y juntas pelean en una batalla dura y larga...

He visto y leído libros, estudios, observaciones, boletines, manuales y artículos…

Hay mucho material sobre el tema. Seguramente habrá nuevos episodios en los que de alguna manera se vuelva a hablar de la desinformación.


Parte de ese material se puede encontrar en las lecturas que recomendamos hoy.



LOS 7 HÁBITOS DE LA GENTE DESINFORMADA                           

Cómo informarse y tomar decisiones en las redes sociales

Autor: MARC ARGEMÍ

Editorial Conecta

Compartido en algunas webs y redes sociales.

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No contar con información suficiente induce a la ignorancia. Y a pesar de la tecnología que avanza a pasos agigantados, el entorno digital donde conviven webs, Facebook, Instagram, YouTube, X (twitter), WhatsApp… puede ser mal usado, bien porque hay acciones de manipulación de terceros, bien porque la propia audiencia no accede a la información fiable, sino que opta por desinformarse de manera más o menos inconsciente.

El libro trata de esto último, de las maneras atractivas y confortables que nosotros mismos hemos construido para autodesinformarnos. El autor describe 7 hábitos que se dan en los consumidores de información que suelen conducir a un acto de desinformación. Señala además que no son hábitos aislados y únicos, sino que pueden mezclarse y formar híbridos, y que solo los separa para que puedan entenderse mejor.

El objetivo final del libro es proporcionar herramientas prácticas para contrarrestar la desinformación.

Las personas interesadas descubrirán explicaciones muy interesantes acerca de los fenómenos que suceden en nuestro pensamiento en relación con los siete hábitos.

 


Manual para combatir la desinformación.

Elaborado por la Fundación Telefónica. Se trata de una infografía de 10 páginas, sencilla y fácil de leer, que resume muy bien las formas que toma la desinformación y las maneras de combatirla.

La puede encontrar y leer en la página web de la fundación, donde también está disponible para descargarla.

Publicaciones de Fundación Telefónica (fundaciontelefonica.com)


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EL FALSO JUEGO DE LA DESINFO

Una amenaza firme para los sistemas democráticos

Artículo muy ilustrativo sobre el daño que puede hacer la desinformación en las sociedades democráticas, publicado en el Número 122 de la revista TELOS.

Autor: Roberto Gelado

profesor, investigador y adjunto al Vicerrectorado de Internacionalización en la Universidad CEU San Pablo.



  LA SOCIEDAD SENTADA EPISODIO 9 La renovación del CGPJ El pasado 12 de junio, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una entrevista ...